(Auditori de Girona, 9 de abril del 2011, Black Music Festival)
Escuchar en directo a esta artista, es una experiencia que hacía tiempo anhelaba. Y es que a pesar de ser una gran amante de la música y detectar en cualquier pulsión algo positivo, llevaba ya demasiados conciertos sin sentirme “atrapada” por algo sublime, diferenciador, inspirador.
De Esperanza conocía poca cosa, no más que los detalles sensacionalistas de su carrera, como un Grammy a la artista revelación, que le arrancó al mismísimo Justin Bieber (olé por el jurado), o un concierto que dio para el presidente Obama, en la celebración del Nobel de la Paz. Detalles muy mediáticos, sin duda, pero que por su naturaleza sensacionalista, no acababan de convencerme. Tenía que escucharla en directo.
Esperanza apareció tomándose una copa de vino y quitándose los zapatos mientras introducían el concierto la sección de cuerdas (violín, viola y violonchelo). Su presencia escénica es una mezcla de fragilidad y fuerza muy particular. Su melena afro, su anclaje en el suelo, y un movimiento muy personal fruto del dejarse llevar por los caprichos de la música.
Abrían el camino sin esfuerzo, con un arriesgadísimo discurso, que mezclaba jazz, música brasileña, clásica y contemporánea. Detectaba en su voz ese “pasear” personal que me recordaba al pulso de Björk, con tintes africanos lejanos, como escondidos en una genética combinada de muchas razas.
Para aquellos que aún andan infelizmente entretenidos en decidirse si Esperanza toca mejor que canta o canta mejor que toca, decirles, que es un dilema inútil, un vacuo entretenimiento, porque la simbiótica relación que existe entre su voz y su instrumento, es una combinación en momentos inseparable, y que la técnica que emplea para los dos, así como la naturalidad de su interpretación, es un todo que no ha de racionalizarse con “mejores y peores”.
Esperanza, abrió en la hora y media del concierto, caminos hasta ahora explorados sólo por muy pocos. Una fusión sin grietas, abalada por la excelencia de la técnica y la interpretación tanto de ella como de los músicos que le acompañaban.
La presentación de este su tercer disco, Chamber Music Society, fue un regalo inspirador y esperanzador para todos aquellos que amamos la música desde el discurso propio y el impulso real del intérprete.
Me queda por imaginar, que si Esperanza con tan sólo 26 años ya tiene tal discurso musical, explorador y técnico, impulsivo y arrebatador, rompedor e ilimitado… temblemos! Que su futuro, nos ha de deparar maravillas aún no concebidas.






2 comentarios
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abril 11, 2011 a 1:49 pm
Alicia Pérez Estevez
Es simplemente perfecta. La vi anoche en Barcelona, ya sabía de memoria sus tres discos, pero fue como igual no conocerlos, lo que tiene la verdadera improvisación.
abril 11, 2011 a 7:23 pm
candidaperez
Alicia, me encanta saberte por aquí, un besazo.