El aprendizaje a través de la experiencia es la mejor herramienta para las personas.  Quedarse atrapado en el mundo intangible de la idea y la teoría no es suficiente.  La experiencia nos conecta con los recursos más valiosos que albergamos, los que realmente nos descubren y pertenecen, los que han de ser detectados, desarrollados con el único fin de avanzar sabiendo y sintiéndonos como seres únicos.


El 24 de marzo, tuve la oportunidad de compartir cuatro horas extraordinarias de experiencia con 35 personas que asistieron al clínic de alta intensidad La Voz Escondida.

En un tiempo limitado, con tantas personas, siempre se queda  una con la sensación de que quedan muchas cosas por concretar, sobretodo, poder asistir más individualmente a cada participante, acompañando de una manera más directa y cercana su proceso personal.

Al final del curso, la última media hora la dedicamos a intercambiar aquellas cuestiones que habían llamado más la atención del trabajo realizado.  Un momento muy importante para mí, porque se me descubre el impacto de ejercicios concretos, ideas cazadas al vuelo, que han generado más atención, o que se han recogido como algo útil, seguramente, cuestiones que durante muchos días acompañarán al alumno.

 

Quisiera compartir aquí, algunas de estas cuestiones planteadas en voz alta por algunos alumnos.

“La sensación de peso, mi centro de gravedad”.  Así, más o menos, fue expresada la experiencia de dar peso a nuestro cuerpo y sentir conexión con la tierra.  Gracias a nuestro centro corporal, sentimos la seguridad que nos da el hecho de estar anclados sobre una plataforma firme (la tierra).  Desde ese lugar, nos sentimos capaces, asistidos y sostenidos para proyectar nuestra voz.

“Las personas tímidas también podemos cantar”. Fue otro pensamiento expresado en voz alta por una alumna.  Aquí me hubiera gustado poder desarrollar un tema muy importante y a menudo invisible en el oficio del cantante.  El hecho de ser coherente con nuestra personalidad y el discurso o actitud cantada.  Se piensa habitualmente que el éxito se encuentra en las personas abiertas, que aparentemente desprenden mucha seguridad en sí mismos, y son capaces de llamar la atención con facilidad.  Nada más lejos de la realidad.  El éxito real es poder ser uno mismo encima de un escenario y mostrar aquello que nos hace ser humanos, sin artificios  ni caracteres impostados.  La persona que es capaz de transmitir su timidez a través de su canto,  otorga un regalo al público.

“No podré recordar lo que he aprendido en estas horas”. Esta sensación es del todo comprensible.  Lo mejor es llegar a casa y apuntar aquellas cosas que más te han llamado la atención.  Primero, toda la parte técnica de ejercicios, fisiología, etc.  Pero también, aquellas sensaciones que se han despertado y que necesitan tiempo para ser reflexionadas e integradas.  Cualquier concepto recordado no es más que la punta de un iceberg de trabajo a profundizar.  Es común la sensación de “frustración” al no alcanzar el conocimiento en poco tiempo; hay que disfrutar del recorrido y de los pequeños éxitos que el trabajo continuado nos ofrece.

“Los cantantes no nos damos un tiempo previo al concierto para calentar”. Calentar la voz no sólo nos permite tener el cuerpo preparado para el concierto, también es importante “calentar” la mente, prepararnos para las horas siguientes, en las cuales estaremos haciendo un ejercicio emocional y físico muy alto.  A menudo, los cantantes nos vemos en situaciones contraproducentes, como pruebas de sonido estresantes, o simplemente, aún no has terminado de masticar la cena que ya has de salir a escena.  Sin duda, estas condiciones nos desconectan de nuestras necesidades reales y nos privan de la atención y el respeto que hemos de ofrecer a nuestra herramienta de trabajo, y por ende, la finalidad artística de nuestro oficio.

“Me quedo más afónica dando clases a mis alumnos que en los conciertos”. Esta realidad fue expresada por otra alumna, la cual tenía una banda de pop rock, y que trabajaba como docente con niños.  La urgencia de “cumplir” con nuestros quehaceres nos hace olvidar lo que realmente estamos viviendo.  Nuestro objetivo diario es finalizar nuestros compromisos y no prestamos atención a las circunstancias que nos rodean, colmándonos de estrés y usando toda nuestra capacidad para anestesiarnos del cansancio.   Está bien hacer un repaso global una vez termina la jornada.  Si sumamos la jornada laboral, más la preparación y ejecución del concierto, la afonía de la voz es una consecuencia elaborada a lo largo de todo el día y donde el estrés y la tensión es la causa fundamental para cargar nuestra musculatura, en vez de fluir y ejercer nuestra profesión relajados.  Detectar aquellos momentos del día en que congelamos los músculos, respiramos más, atender las preocupaciones, nos permitirá darnos pequeños respiros para contrarrestar la tensión.

“En los ensayos mi voz está por debajo de la batería y el resto de instrumentos.  Me canso”.  Es común en las bandas de pop-rock que las condiciones del local de ensayo no son buenas para los cantantes.  La guerra del volumen es un mal que ha de ser debatido y solucionado por todos los integrantes del grupo.  El volumen del cantante suele ser menor que el de restos de instrumentos, ya sea porque el equipo no da más de sí, o bien porque si se sube el volumen, se acopla el sonido.  Es importante colocarse delante de este problema y mejorar las condiciones acústicas.  A menudo nos parece suficiente con que “se oiga” o “se entienda”, pero no poder escuchar con claridad los matices de nuestra voz nos limita en su desarrollo.

 

Los colores de la voz y su dinámica es una de las joyas que albergamos.  Recordad aquellos ejercicios que nos ayudaban a convertir un sonido en otro.  A ubicar dónde se encuentran estos sonidos, a taparnos la nariz, a detectar aquellos movimientos rutinarios que nos conecta con la voz, como el bostezo, el estornudo, la queja… Cantad a menudo, sobretodo en momentos íntimos en que nos dejamos llevar.  Moveos, mucho, acompañad vuestra voz del gesto, aquel involuntario, que nace sin pensar.

 

Y sobretodo felicitaros a todos por la iniciativa, la curiosidad, las ganas de aprender y a pesar de no gustarnos en nuestra dificultad, a aceptarnos delante de ella para crecer, crecer y crecer.

 

 

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